02 Dic La necesidad de seguir soñando
Durante la niñez y la juventud se mantiene una constante: estamos repleto de sueños, planes, metas y aspiraciones.
Cuando somos niños tenemos la certeza de que estamos en construcción, que somos eso que planeamos y anhelamos.
Comenzamos con deseos inocentes y hasta imposibles: cuando sea mayor quiero ser un superhéroe, luego los sueños se hacen un poco más reales: astronauta, médico, cantante y muchos más.
Casi todos los niños tienen la frase “cuando sea mayor…” en los labios, pero cuando son mayores ¿a dónde van a parar esos sueños y aspiraciones? ¿en qué momento dejamos de soñar?
Los sueños no desaparecen solos
Las comparaciones con los otros son injustas y nunca pueden llegar a ser objetivas, pues están cargadas de la subjetividad de quien las genera.
La capacidad de anhelar, de aspirar y soñar no desaparece a medida que creces.
Esos sueños se transforman en metas razonables, es decir, ya no tienes ganas de ser un superhéroe, pero si quieres estudiar ingeniería o viajar por el mundo.
La capacidad de soñar se mantiene intacta a lo largo de tu vida siempre y cuando lo permitas.
Lo que intento explicar es que no existe una razón biológica o psicológica que sea natural e inherente a la edad que haga desaparecer tus sueños; cuando esto ocurre es por causas ajenas.
La gente deja de soñar porque hay situaciones externas o internas que se encargan de aplastar las esperanzas.

Puede ser que las reglas de la sociedad te enseñen que eso a lo que aspiras no es posible o adecuado, o un familiar, un amigo o cualquier persona que tenga algún tipo de poder sobre ti, cuya opinión te importe y que te diga que tus sueños son imposibles o que no valen la pena.
Si estás rodeado siempre de personas que te dicen sin cesar que eso que deseas es imposible, absurdo o imposible, tarde o temprano terminas dejándolo de lado porque comienzas a creerles.
También es posible que tu inseguridad sea responsable de la muerte de tu capacidad de soñar.
Si no alcanzaste tus metas rápidamente o con poco esfuerzo, o no aprendiste a adaptarlas a tus fortalezas y debilidades, es posible que te hayas topado numerosas ocasiones con las paredes del fracaso y que esto te haya desanimado.
Si bien es cierto que muchos interpretan los fracasos como oportunidades de mejora, la mayoría tendemos a desanimarnos ante ellos y a abandonar; pues comenzamos a pensar que no tenemos las capacidades o la fortaleza, la inseguridad hace de las suyas y terminas dejando de lado tus sueños.
Hay quienes culpan a la realidad, a las circunstancias actuales, la crisis económica mundial o muchas otras cosas cuando la verdad es que si la capacidad de soñar agoniza o desaparece sólo hay un responsable: tú mismo.
Eres tú quien permite que la opinión de otras personas, tus miedos y los sucesos externos hagan mella en tus aspiraciones.
Necesitas seguir soñando. La necesidad de seguir soñando
Perder la capacidad de soñar es perderte un poco a ti mismo.
Los seres humanos no somos un objeto inanimado e inamovible, nuestra naturaleza es dinámica, es el cambio constante, el crecimiento interno y la transformación de lo que somos.
Esto se logra a través de los sueños, las aspiraciones. Cuando deseamos, nos obligamos a buscar nuevas habilidades, a aprender mucho más, a desafiar nuestros propios límites y crear nuevas realidades.
Si permites que maten tu capacidad de soñar estás entregando una parte de tu identidad para transformarte de buena gana en un robot que sigue las reglas impuestas por otros, un poco muerto por dentro.
Hay quien afirma que es la dura realidad del mundo la que ha masacrado sus sueños, pero lo que sea que puedas vivir sólo podrá transformar la forma de volver realidad esa meta.
Es decir, puede que sueñes con ser un gran cantante, pero no tienes buena voz, esa es tu realidad; sin embargo, podrías convertirte en escritor de canciones, productor o tocar algún instrumento.
No se trata de olvidar el sueño, sino de adaptarlo de acuerdo a tus circunstancias.
Somos y vivimos gracias a nuestras aspiraciones y metas.
Tener la capacidad de decir “quiero ser o hacer esto” es reconocerse con la capacidad de hacer cambios, de seguir construyéndote y creciendo, es asumir que tienes el poder de transformarte a ti mismo y a tu entorno.
Permítete seguir soñando, grande o pequeña, esa aspiración de tu corazón puede volverse realidad siempre y cuando logres organizarte y conocerte.
No hay edad para seguir creciendo y creyendo en ti mismo..