¿Valoras lo que tienes?

valoras lo que tienes

¿Valoras lo que tienes?

¿Valoras lo que tienes?

 
En una ocasión, hace muchos siglos ya, a un poderoso señor le regalaron un corcel blanco como la nieve, era el único caballo que le faltaba para completar su impresionante cuadra.
 
La estampa del animal era tan majestuosa que se preguntó cómo sacar provecho o mayor partido a una cualidad tan destacada para un simple animal, su mente empezó a elucubrar planes para obtener un gran rédito de un regalo desinteresado fruto de la amistad verdadera y por tanto del amor incondicional con mayúsculas.
 
Empezó por someter al caballo a duros entrenamientos para que hiciese las cabriolas más espectaculares que el ojo humano hubiese visto, puso adornos a sus crines, trenzo fuertemente su cola con una maraña imposible de cintas de colores, herró con lustrosas calzas sus pezuñas y le engalanó con las riendas y aparejos, los más suntuosos y aparatosos que pudo encontrar.
 
Tanto equipamiento y joyas le puso que apenas se podía vislumbrar el color que tenía, precisamente el don por el que desde el principio destacó para ser admirado.
 
Así que cuando fue exhibido ante importante invitados, pasó desapercibido totalmente para el público allí congregado debido a la importante colección de caballos que en ese lugar se exhibió.
 
Fue tal su decepción, después de su estudiada puesta en escena, que despreció al hermoso animal y pasó a ser un simple mulo de carga entre su ganado.
 
Cómo el magnífico ejemplar no había nacido para este menester, a los pocos días murió de pena y por el esfuerzo al que sometieron.
 
Cuando fueron a deshacerse de su cuerpo, la sabía naturaleza muestra como somos en realidad y las propias gentes que contribuyeron a su desaparición, repararon en la gran belleza que escondía el animal, preguntándose como su dueño, entendido y reconocido criador, no había apreciado esta verdadera joya que irradiaba luz y que sería, sin duda, el mayor tesoro que hubo caído en sus manos.

 
Canalizado por Fernando Calvo
 

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