El apego. Aprende a soltar

El apego. Aprende a soltar

El apego. Aprende a soltar

Cuando amamos, tenemos este deseo casi imprescindible de poseer, de tener y no soltar jamás porque sentimos que amar es la felicidad que sentimos al estar con el objeto del deseo (una persona, una cosa, una situación) y por eso no queremos dejar que se escape.
 
El problema es que la naturaleza de la vida es dinámica, todo cambia y se transforma, así que rara vez es posible mantener cerca a eso que nos hace felices
 
Las relaciones terminan, los objetos se dañan, las personas cambian y entonces viene el sufrimiento, el dolor de la pérdida.
 
Hasta que viene algo nuevo y se repite el ciclo. Ese comportamiento que genera dolor y tristeza, que termina en esa sensación de pérdida o abandono no es amor, es sólo apego.

 

¿Qué es el apego?

 
Según las creencias budistas el apego es un estado mental en el que se carga a una persona, situación u objeto de cualidades exageradas, lo que hace que se depositen en él muchas expectativas y se le otorgue el poder sobre la felicidad.
 
La persona se convence de que eso es imprescindible y por ello se aferra y su ausencia, invariablemente, llevará al sufrimiento.
 
El apego hace que se olviden las prioridades, que los intereses personales pasen a un segundo plano y para justificarlo decidimos llamarlo amor, cuando es todo lo contrario.
 
El apego es el camino más corto al sufrimiento, porque estás depositando en un objeto externo toda esperanza, expectativa y responsabilidad del bienestar propio.
 
En vez de asumir que tienes el poder para crear tu realidad, colocas toda esa responsabilidad en algo externo y cuando no funciona, te echas a llorar y dices que no es tu culpa.
 
Somos esclavos del ciclo del apego y el sufrimiento, dependemos de tantas cosas a veces insignificantes que no nos damos cuenta, nos aferramos a objetos, personas y relaciones como si fuesen eternas, negando que todo cambia, todo se transforma y nada es permanente.

 
aprende a soltar el apego

Aprendiendo a soltar

 
Soltar, liberarse del apego es muy difícil; hemos crecido aprendiendo a aferrarnos, a creer que hay cosas imprescindibles.
 
No se trata sólo de personas y de objetos materiales, sino también de ideas, creencias y hábitos.
 
Creemos que hay aspectos de la personalidad que son inmutables, que los gustos e individualidad son lo más importante y que hay tradiciones que no deben tocarse.
 
Pero somos humanos, no rocas y si hay algo que es parte de nuestra naturaleza, quizá lo único que permanece, es la necesidad de cambio.
 
El apegarse a las ideas te limita, niega tu esencia humana.
 
Hay quienes afirman que para extinguir el sufrimiento hay que acabar con el apego, soltarlo todo y aunque suene muy bien, es prácticamente imposible liberarse de las necesidades que tenemos como seres humanos.
 
Soltar no se trata de despojarte de todos tus bienes materiales y renunciar a las relaciones humanas para irte a vivir a meditar en una montaña y alcanzar la iluminación; en lo absoluto, sino ser consciente de tus apegos.
 
Esto quiere decir que no tienes que donar tu móvil, coche y el dinero de tu cuenta bancaria; sino que debes aceptar que todo lo que te rodea es impermanente.
 
Todo cambia, todo está en constante transformación, hoy está pero mañana puede que todo deje de existir y eso no está mal, sólo será diferente y encontrarás la forma de adaptarte a esa situación, porque en tu naturaleza está inscrita la necesidad de cambiar y sobrevivir.
 
Apegarse no es amar, porque en el apego sólo se tienen en cuenta las necesidades propias, nunca se piensa en el bienestar del otro; es por ello que recordar que el otro individuo también merece ser feliz, que también busca su libertad y evitar el sufrimiento.
 
Cuando amas hay un respeto inherente a la individualidad del otro, un recuerdo constante de su humanidad y existencia que no se antepone a nuestras necesidades, sino que se compagina y complementa.
 
Entender que el universo, la realidad, lo que nos rodea no es como las percibes sino que está limitada por tus sentidos y creencias.
 
Esas cualidades o defectos que te hacen amar o detestar algo realmente no son más que tus opiniones y percepciones sobre un hecho; que no son inmutables ni trascendentes.
 
El meditar en aceptar que no todo es cómo crees que es, que es posible el cambio y que nada es permanente te permitirá entender la experiencia de las relaciones con los objetos y las cosas desde otra perspectiva, porque el soltar no se trata de la renuncia absoluta sino de aceptar con libertad, amor y profunda gratitud.

 

 
Lectura Recomendada  Coaching para cambiar de trabajo


En cumplimiento de la Ley, te informo que este sitio web utiliza cookies para mejorar la experiencia de navegación. más información

Los ajustes de cookies en esta web están configurados para «permitir las cookies» y ofrecerte la mejor experiencia de navegación posible. Si sigues usando esta web sin cambiar tus ajustes de cookies o haces clic en «Aceptar», estarás dando tu consentimiento a esto.

Cerrar