10 Ene El apego. Aprende a soltar
Cuando amamos, tenemos este deseo casi imprescindible de poseer, de tener y no soltar jamás porque sentimos que amar es la felicidad que sentimos al estar con el objeto del deseo (una persona, una cosa, una situación) y por eso no queremos dejar que se escape.
El problema es que la naturaleza de la vida es dinámica, todo cambia y se transforma, así que rara vez es posible mantener cerca a eso que nos hace felices
Las relaciones terminan, los objetos se dañan, las personas cambian y entonces viene el sufrimiento, el dolor de la pérdida.
Hasta que viene algo nuevo y se repite el ciclo. Ese comportamiento que genera dolor y tristeza, que termina en esa sensación de pérdida o abandono no es amor, es sólo apego.
¿Qué es el apego?
Según las creencias budistas el apego es un estado mental en el que se carga a una persona, situación u objeto de cualidades exageradas, lo que hace que se depositen en él muchas expectativas y se le otorgue el poder sobre la felicidad.
La persona se convence de que eso es imprescindible y por ello se aferra y su ausencia, invariablemente, llevará al sufrimiento.
El apego hace que se olviden las prioridades, que los intereses personales pasen a un segundo plano y para justificarlo decidimos llamarlo amor, cuando es todo lo contrario.
El apego es el camino más corto al sufrimiento, porque estás depositando en un objeto externo toda esperanza, expectativa y responsabilidad del bienestar propio.
En vez de asumir que tienes el poder para crear tu realidad, colocas toda esa responsabilidad en algo externo y cuando no funciona, te echas a llorar y dices que no es tu culpa.
Somos esclavos del ciclo del apego y el sufrimiento, dependemos de tantas cosas a veces insignificantes que no nos damos cuenta, nos aferramos a objetos, personas y relaciones como si fuesen eternas, negando que todo cambia, todo se transforma y nada es permanente.

Aprendiendo a soltar
Soltar, liberarse del apego es muy difícil; hemos crecido aprendiendo a aferrarnos, a creer que hay cosas imprescindibles.
No se trata sólo de personas y de objetos materiales, sino también de ideas, creencias y hábitos.
Creemos que hay aspectos de la personalidad que son inmutables, que los gustos e individualidad son lo más importante y que hay tradiciones que no deben tocarse.
Pero somos humanos, no rocas y si hay algo que es parte de nuestra naturaleza, quizá lo único que permanece, es la necesidad de cambio.
El apegarse a las ideas te limita, niega tu esencia humana.
Hay quienes afirman que para extinguir el sufrimiento hay que acabar con el apego, soltarlo todo y aunque suene muy bien, es prácticamente imposible liberarse de las necesidades que tenemos como seres humanos.
Soltar no se trata de despojarte de todos tus bienes materiales y renunciar a las relaciones humanas para irte a vivir a meditar en una montaña y alcanzar la iluminación; en lo absoluto, sino ser consciente de tus apegos.
Esto quiere decir que no tienes que donar tu móvil, coche y el dinero de tu cuenta bancaria; sino que debes aceptar que todo lo que te rodea es impermanente.
Todo cambia, todo está en constante transformación, hoy está pero mañana puede que todo deje de existir y eso no está mal, sólo será diferente y encontrarás la forma de adaptarte a esa situación, porque en tu naturaleza está inscrita la necesidad de cambiar y sobrevivir.
Apegarse no es amar, porque en el apego sólo se tienen en cuenta las necesidades propias, nunca se piensa en el bienestar del otro; es por ello que recordar que el otro individuo también merece ser feliz, que también busca su libertad y evitar el sufrimiento.
Cuando amas hay un respeto inherente a la individualidad del otro, un recuerdo constante de su humanidad y existencia que no se antepone a nuestras necesidades, sino que se compagina y complementa.
Entender que el universo, la realidad, lo que nos rodea no es como las percibes sino que está limitada por tus sentidos y creencias.
Esas cualidades o defectos que te hacen amar o detestar algo realmente no son más que tus opiniones y percepciones sobre un hecho; que no son inmutables ni trascendentes.
El meditar en aceptar que no todo es cómo crees que es, que es posible el cambio y que nada es permanente te permitirá entender la experiencia de las relaciones con los objetos y las cosas desde otra perspectiva, porque el soltar no se trata de la renuncia absoluta sino de aceptar con libertad, amor y profunda gratitud.