Un curso de radiestesia problemático

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Un curso de radiestesia problemático

Por norma general no hay dos talleres o cursos que sean iguales, cada uno es diferente y siempre hay que ir con la mente muy abierta.
 
Y en otras ocasiones aunque vayas con la mente abierta hay que llevar una dosis de paciencia extra.
 
Con esto quiero decir que a veces las expectativas sobre el taller o la idea preconcebida que llevan los alumnos sobre lo que van a aprender, dificulta mucho el ritmo del curso.
 
Esto ocurrió en un curso de Péndulos Sanadores que impartimos.
 
Asistieron dos personas que eran amigos y que venían expresamente desde Canarias para realizar el curso.
 
Desde el primer momento, y primer momento considero desde que entraron por la puerta del Centro, observé que uno de ellos era el mas hablador y el que llevaba la iniciativa, nada mas llegar pregunto: ¿y esto del péndulo nos vale para encontrar agua?
 
Y eso es exactamente lo que quería, lo único que le interesaba de todo el taller era aprender a buscar agua.
 
A todo lo que se explicó en el resto del curso no le prestó ninguna atención.
 
Estaba con el móvil o hablando con su amigo, en varias ocasiones les tuve que decir que si no les interesaba que por favor se salieran de la clase, llegó un momento en el que me enfadé y tuve que dejar las cosas mas claras, los demás alumnos no tenían por qué soportar que les estuvieran distrayendo.
 
Parece ser que hizo efecto y ya conseguí que por lo menos estuvieran en silencio.
 
Cuando llegaron las practicas, seguía con su idea fija y me llegó a decir que no le había valido de nada el taller porque no enseñaba a encontrar agua con el péndulo.
 
Para demostrarle que si se podía hacer, le dirigí a un armario del Centro y le propuse que preguntara con su péndulo si había agua dentro del armario.
 
Le dio la risa y dijo esto es imposible, pero preguntó y el péndulo contestó que SI, le dejé hablar y dijo de todo, “esto no funciona”, “hemos perdido el día”….. cuando terminó de decir todo lo que se le pasaba por la cabeza, abrí el armario y allí estaba la llave de paso del agua con sus correspondientes tuberías, ya no supo que decir, fue difícil pero se quedó sin palabras.
 
Me pidió perdón, yo le dije que eso se lo debía pedir a sus compañeros de taller, y me dijo que quería seguir practicando con el péndulo.

 

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